Esa muerte que sentencia nuestros días
susurra en este hoy,
tiemblan cadenas estridentes y
macabras máscaras que recuerdan las ausencias.
Más esta muerte,
que reverenciamos en cementerios
en estos días de noviembre,
parece sólo un juego
ante la verdadera esencia de su sombra.

La guadaña
se hace poética este mes
y pueblos enteros la festejan
pletóricos de color y de disfraces.
Esta es una muerte pública,
una ironía, una parodia;
la otra, la que se forja en el silencio
de pesados duelos, de nuevas soledades,
esa, esa es otra historia
sin fantasmas, sin ruidos,
sin mañanas.

La Muerte de verdad es silenciosa.