Una amapola radiante
danza en rojo
en un verde trigal
recién amanecido.

La brisa matutina
conjuga soles radiantes
y aguas débiles
que rezuman primavera.

Renace una Castilla antigua
condenada en breve
a la sequedad y al hastío.

Cerca, la ciudad gris
amanece hoy en frío,
renovada de esperanza,
limitando margaritas y florestas
a la entrada del suburbio.

La ciudad gris
es un accidente geológico
ante la belleza primaveral
de una vida lógica.

Aquí silenciamos los cambios,
sólo los imaginamos,
enturbiados en el amarillo ocre
de la rutina.

Dejad que la poesía os recuerde
el mensaje de vida
que incendia de color y aroma
las madrugadas,
dejad que os inunde los oídos
del piar de pájaros enamorados
silenciados por el tráfico.

Coloreemos también la urbe
de sueños renacidos
con el alba.