Ha brotado el aire
de las cenizas,
el destructor vaho
de lo perecedero.
Huele a fruta podrida,
descompuesta
hasta el olvido,
huele a fatiga.
Huele tanto
que es aroma invariable,
fragancia de la nada.

Los años pasaron
amortajando rutinas
y ya, cuando la vida no es,
parece la más plena.
El perfume de la infancia
amueblará el tiempo,
mientras florecen las últimas ramas,
preámbulo-sentencia de muerte.
Compartidos los sueños
sólo queda agradecerlos:
Las nuevas metas, los viejos recuerdos,
el tiempo exacto,
lo que muda su aspecto.
Agradecida sí
mas apenada.
El aire se lleva tu fuerza,
el verano tu destreza,
el calor tus añoranzas.
Quedaremos los demás
igual tristes,
igual solos,
buscando mañana irnos
como se despiden los buenos.
Ha de quedarse la vida
ensimismada en el cielo.