Esa nube gris que traza el cielo
no es más que el prólogo sutil
de un día entre tantos,
un día de esos que amanece despacito
forjando un universo y un mañana.

Con el primer café vienen los miedos,
endulzados con migajas de esperanza,
y sólo queda abordar el nuevo día
mendigos de tiempo y de batallas.

Pintemos pues de fuerza el sol
y presurosos
luchemos por este día inmaculado,
similar al de ayer en tantas cosas
que hacerlo verde primero
es complicado.

Nos queda hoy sólo pelear,
y eso ya es mucho,
porque el ocaso confirme
un esfuerzo sincero por seguir,
a cada paso, soñando.