Mar adentro
sobran los tópicos,
el silencio
del rugido de las olas
ensordece el grito interior
de la autoestima.

Somos… la nada.

Aire, sol, viento, brisa,
una pincelada más
en un lienzo enrabietado.

Mar adentro
somos poemas desnudos
sin rimas, sin epítetos ni metáforas.
Una cadencia monótona
de estridencias vitales,
demasiado cotidianas
como para ser hilo argumental
de nuestra historia.

Mar adentro, el corazón susurra
una caricia
mientras el eco del recuerdo de los otros
proyecta en la caverna
sombras griegas.

Mas estamos solos,
enverdecidos
como algas descompuestas,
que no tienen más esperanza en la agonía
que luchar por ser algo más
que sueños rotos.