En días soleados
he perdido una sonrisa.
Una sonrisa blanca,
serena, trascendida de dolor.

Acompañaba mis días,
mis tristezas, mis desvelos.
Daba respuesta a mis dudas
y ponía nombre a sensaciones
que yo sólo conseguía intuir.

He perdido una sonrisa
como perdí la de otros,
otros luchadores rebeldes
ante una causa injusta
que nos domina la vida.

Juntos nos hemos enfrentado
a un todo incomprensible e ingrato
y juntos hemos avanzado
y, en ocasiones, perdido.

Cuando llega el miedo y
me asfixia las neuronas,
cuando el bloqueo paraliza mi cuerpo
y mi risa se esfuma,
aún continúo buscando en redes
las palabras de Luis,
áquel que en un principio me dijo
“esto no es fácil amiga”
y me prestó una mano onírica
para combatir unidos el dolor.

Hoy ya vuelas por encima de nosotros
y tu cuerpo desgastado
sirve para encontrar la cura
a este agujero en nuestra alma.

El fragmento de mí que se va contigo
ríe en alto el encuentro de la calma.
Compañero, los que aquí quedamos,
seguiremos, como tú nos enseñaste,
luchando: por ti y en ti.