He releído un otoño
escondido entre recuerdos.
Un otoño plomizo, gris,
de ansiedades y de miedos.
Una lluvia sutil ahogaba
sueños adolescentes
que querían ser poesía.
El amor era proyecto;
el trabajo; una aventura,
y una enfermedad sin nombre
enturbiaba mil desvelos.
La rutina de un octubre
daba ritmo a unos versos ansiosos
que buscaban su espacio
entre otras vidas.
Pero imperaba un miedo,
un miedo oscuro a no ser
más que una sombra en el tiempo.

Pasados los años veo
transcurrir estaciones entre rescoldos
de quien quise ser y quien soy
en el momento
que releo poemas viejos.
Hoy flaquea la esperanza
que me sustentaba entonces
cuando la rima era fácil.
Hoy me dejo llevar,
sin aspiraciones futuras.
Proyecto retos pequeños
que estimulan mi autoestima
y sigo escribiendo versos.
Ya no sueño cambiar el mundo,
sólo me gustaría entenderlo, y
entre frustraciones lejanas
renazco sin más anhelos,
que ser quien soy y vivirme en paz
con los que más quiero.