Cuando el tiempo me abandone en su alegría
sólo dejaré una vomitona de palabras,
recuerdos fugaces en otras vidas
y una sonrisa detenida en la distancia.

El rojo cobre de un otoño seco
iluminará otras retinas de nostalgia
y el frío que congela mis sentidos
entumecerá mañana otras falacias.

Mis palabras vagarán entones errantes
en redes mustias, ya nunca visitadas,
y el amarillo teñirá de abandono
también, como en los libros, las pantallas.

Mas este instante fugaz en el que aún vivo
me obliga a rotular en verdes
tiernos sueños y esperanzas.

Me empuja a supurar en rojos
viejas y apremiantes luchas
y a mantenerme activa en la batalla.

Se me esfuma cada día la riqueza
de sentirme proyecto y, en la mañana,
opto por recomponer mis lienzos rotos
decidida a conquistar otra jornada.