Dejadme ser más errante
que el polvo del camino,
ayudadme a salir
de los límites de este horizonte
cotidiano y mudo,
de este encierro.

Prestadme las alas y las quimeras,
los soliloquios de luz y de razón,
regaladme vuestra fuerza.

Necesito un susurro de aire compartido,
una promesa de fe, un nuevo sueño.
Necesito vivirme como antaño,
cuando la vida era ley
y el tiempo, el nuestro.

Entregadme un proyecto previsible
y optimista,
yo, como siempre, a cambio,
os daré una ceniza olvidada
de mi deshilachado cuerpo.

Dejadme, por favor,
que os lo pague con versos.