Pesa en mi alma una constante rutina,
gris y macilenta,
que enturbia recuerdos
de quien ya no soy.

El primer estruendo de primavera
amplifica el eco de agonías antiguas y,
erradicado el miedo,
me sumerjo en la certeza de una nueva batalla.

Hoy se lidiar con todo esto, no como antaño,
cuando mi degradación era inasumible
y la ruptura constate con mi cuerpo
se vestía de esperpento.

Hoy la certeza manda y tranquiliza.
Profunda contradicción
en la que al ser real el miedo,
se desvirtúa.

La reiteración asfixia el pánico
y este abril que llega
limitará aún más mis caricias,
quemando otra etapa
sometida a la evidencia.