Demasiado gris como para ser verde.

Esta obscena melodía
del fracaso
redescubre los pesos silenciosos
de la rutina
que conduce hacia el ocaso.

No es suficiente, no,
ni el amor, ni la poesía
para que superes el conjuro
de la muerte,
la concupiscencia malsana
de un paso del tiempo
que te hace sucumbir a la miseria
de sentirte infinitamente material
y desdichadamente humano.

Mi amor conjuga participios
mientras confiesa que los gerundios activos
son el mejor talismán
contra la fugacidad y el hastío,
pero tú siempre
entretejiendo pretéritos
olvidas la belleza de futuros posibles
en los que es absurdo combinar condicionales.

Por tanto esperaré el verde
mientras que el gris siniestro
penetra en el vacío
del absurdo silencio que has creado
en tu visceral anhelo
de centrarte en ti mismo
para redescubrirte.

… Y te esperaré,
Claro,
por mucho que la indecente tensión
de tu abandono
ahogue mi espíritu optimista.

Esperaré tu reencuentro
porque confío en que el tiempo
te haga vencer el desafío
que te devolverá a mi renovado.