El aroma sutil de la rutina
pinta en grises un presente
sin mañanas.

Los besos agostan el recuerdo
y se desvirtúan ajenos a la música tenue
de tantas batallas perdidas,
de tantas conquistas ganadas.

Los proyectos son ya
pequeños retos cotidianos
y la esperanza se condensa
en cuatro gotas
demasiado modestas
para ser narradas.

La poesía ya no es épica,
sólo constante,
afilada en la fugacidad y el tedio
de ser uno más,
sin glorias ni proezas.

Aún así, el tiempo venidero
me exige actitudes proactivas
en combate
con un cuerpo enrabietado.

Añorando tu amor,
aún quedan fuerzas,
exhaustas, sometidas, alienadas,
que me recuerdan quien fui
cuando mis manos
aún construían castillos de añoranzas.

Con esa carga de fe,
aún sigo viva, y pintaré en verdes
la sonrisa fugaz de la alborada.