No he compartido mi alma
con tu cuerpo
en noches como esta, silenciosas,
para que el futuro desmigaje
un suspiro mortecino
hacia la aurora.

No te di
todo aquello que fui
en mi ignorancia
para sentirte ahora entristecido,
amortajado y débil
en tu insólito destino.

Perdiste el reflejo de mis noches,
la sonrisa sin más,
el pulso firme
que desvirtuaba en rojos
la alegría
y te consumes, pavesa,
en decepciones
marcadas por el devenir
de los días.

Recuerda camarada
como soñamos palabras
cuando un futuro eterno
sostenía las miradas
y revive el eco sordo
de quien fuimos
que yo sé aún bailar
las madrugadas.