En la niebla
de una mirada insegura
se acomodó una lágrima.

Un apéndice húmedo
de un dolor complejo,
de una ansiedad eterna,
de una asfixia recurrente.

La sonrisa de sandía
pretende esconder
un abismo de miedos,
que tiemblan
entre los andares alcohólicos
de una persona abstemia.

Emerge el día en gris
para quien ha trascendido
del dolor y la soledad.

Amanece un renovado día gris
en la tristeza silenciada de quien,
viviendo, sólo imagina sufrir.