El azul finito trasciende
en rebelión.

Un niño pálido
llora de hambre
en un rincón vacío,
un padre roba
una bolsa blanca
de comida.

El azul finito trasciende
en rebelión.

Un enfermo arisco
grita y golpea a los que quiere,
una familia le llora
en silencio suplicante
ansiando el fin.

El azul finito trasciende
en rebelión.

Un niño yace muerto
entre escombros oscuros,
un soldado se droga y bebe
mientras silban proyectiles
entre ruinas aisladas.

El azul finito trasciende
en rebelión.

Un hombre se arroja impotente
desde un muro
abigarrado en cemento,
un inmigrante violado
reclama simplemente unos papeles.

El azul finito trasciende
en rebelión.

Los vulnerables defienden
su derecho a rebelarse
y, como jóvenes imberbes,
ebrios de poder y riesgo,
no temen ni a la noche, ni a los días.
Se disponen a morir en la nada,
pelean con voces henchidas de vacío y
sucumben en definitiva pirueta
ante la ausencia de calma.

El azul finito trasciende
en rebelión,
al que nada teme perder
nada le ata.