Mi cuerpo me ha quitado ahora
la posibilidad de vivir tantas cosas,
experiencias que pude sentir
pero evité cuando mis articulaciones
respondían aún el impulso de mi cerebro.
Aún así he vivido demasiado
he corrido, he amado, he soñado…
otras veces las lágrimas recorrieron mis mejillas.
He vivido en fin lo que quería
en 40 años de experiencias inigualables.

Ahora un cuerpo ajeno a mi
se desdibuja instante tras instante
y las sensaciones extrañas expanden mi cerebro
en un aprendizaje ajeno a mi propia comprensión.
La vida también es esto, aunque nunca imaginé
que el tiempo pudiera disfrazarse de añoranza
en una letanía insoportable de pequeñas pérdidas.
Aprendo a vivir hoy siendo otra
pero ni el dolor, ni el vacío de mi,
impedirá que siga luchando así,
así como hoy peleo con el tiempo
que inexorablemente nos lleva a todos al fin .