Emana poesía la tarde en el recuerdo
porque es imposible amarte: estás tan lejos.
Aún así mis labios te inventan al nombrarte
y dejan fluir sin más el aroma de los besos
que compartimos entonces cuando el amor
era presente
y no esta maldición gris de tu silencio.
¿Que pensaré mañana al releer estos versos,
cuando el tiempo haya sellado a fuego
mis entrañas
y el olvido también sea parte del momento?
¿Sabré entonces valorar tanto amor
como el que siento en este instante
confuso de tu ausencia?
¿O lamentaré el tiempo
que condujo a nuestros cuerpos
a la osada proeza de quererse
ajenos a un mundo de complejos?
Quiero al menos que perduren las palabras,
estas aglomeraciones de sueños y ansiedades,
este dispar torrente de emociones,
para que cuando el tiempo te borre
y no queme ya este abismo de distancia
tenga la certeza plena de que en instantes
imprecisos como este mi corazón te solicita
y mis manos, vacías de pretextos,
sólo saben dibujar en rojos esta tarde
un infantil reproche y un te quiero.