Latían de esperanza los claveles
cuando anunciaba el timbre de la puerta
tu llegada inminente.
De luz explotaban los colores
y un regusto de aromas poseído
redibujaba de azul la madrugada.

Eras todo mi amor, eras el eco
de lo sueños de antiguos pobladores,
el vaho silente de las noches quietas,
el refugio de un dios
extraño entre los hombres.

Aún recuerdo el zumbido del teléfono
cuando rompiendo el silencio de mi calma
emocionaba un corazón esperanzado
en el embrujo sutil de tu llamada.

Hoy no queda de aquello más que recuerdos,
los claveles murieron ya hace días
y de puro gris la tarde que se esconde
destila un dolor antiguo de noches repetidas.

¿Quién gozará esta noche de tus besos
cuando febril la ansiosa madrugada
me precipite al abismo de mis peores sueños?

¿Quién esbozará por ti otras poesías
y sometida a la felicidad plena de tenerte
dibujará un cuadro perfecto de sonrisas?

Late mi corazón el triste llanto
del sabor ocre y hostil de tu abandono
y con este que será mi último verso
recibe aún este beso y mis despojos