Al verte así,
renacido ante el abismo de la muerte,
te envidio.

Aspiro tu renovada energía
pero no sé contagiarme.

En tus últimos juegos con la parca
te perdí
y te has reinventado lejos de mis manos.

Eres más fuerte, más brillante, más eterno…
pero olvidaste mis besos.

Y aún debo estar agradecida al cielo
porque burlaste la premura de un destino
demasiado precoz.

Te he querido mientras tu cuerpo
disputaba su espacio a la guadaña.

Te he querido
mientras te veía reponerte

Y te quiero ahora
aunque tu olvido
equilibre mi vida con mi muerte.