Mi doble personalidad
se reestructura a cada instante.
Un lado derecho sufriente
convive con la sublevación rebelde
de mi izquierdo.
Mi cerebro también ansía nuevos retos,
mientras un cuerpo hóstil
tiembla cansado ante cualquier iniciativa.
-Fuera pasa el tiempo,
un tiempo ordinario que sucede estaciones
ajeno a mi personal dualidad-.
Somos muchos los que vagamos
por este declive,
peleando cada día contra esta esclerosis
que multiplica síntomas
en una anarquía post liberal.
Nada detiene esta lucha eterna
en la que nos sumimos
a raiz de un diagnóstico.
Queremos vivir, ser felices
y en esta nueva reinvención de nosotros mismos
ansiamos la paz.
Este es nuestro quimérico
deseo y nuestra fe.
Por mucho que el cerebro se subleve
la esperanza es
nuestra forma de avanzar.