Al final el miedo vuelve,
siempre vuelve.
Estrangula mi mirada con su asfixia
y rebota de rojo
en las paredes de mi alma.

… Y no hay defensa.

Bloquea el entendimiento,
anula el raciocinio
y me precipita
a la desesperación gris
de recuerdos machacados
que buscan resucitarse.

El miedo vuelve,
siempre vuelve,
y aunque parece que el tiempo,
la vida recorrida
y la falacia de calma
son capaces de vencerlo,
siempre impone su euforia,
y mi sombra se entreteje con el suelo
como testigo mudo
de otra derrota.