Bajo el sol hiriente
los infinitos confluyen
marcando su propio ritmo.
Desde mi actual punto de vista
lo etéreo se concreta
y lo subjetivo se desdibuja
en un entorno ocioso y vacilante.
Y es que este punto de vista
te aleja de las conversaciones
y te acerca el suelo.
Sin duda se es mas terrenal y menos divino
cuando transitas por campos abrasados
en una silla de ruedas.
Ser observado te permite ser observante,
y mirar a los demás desde abajo
establece un nuevo prisma
de lo puramente convencional.
Desde este punto de vista
la vida pasa a otro ritmo,
los sentimientos son otros,
las necesidades distintas
y el miedo ya es compañero fiel
de caminos errantes.
Extraña paradoja que se define
en un mundo diferente
cuando tú eres el único que has cambiado.
Mi nuevo punto de vista
es una nueva vida
ajena a la anterior:
otra.
Una nueva vida que es ya
mi realidad cotidiana,
inimaginables otros tiempos,
otros sueños,
otras poesías.
Aún así el sol hiriente
es el mismo para todos
y bajo él escribiré un nuevo día:
distinto, dolorido, tormentoso
pero, a fin de cuentas, nuevo día