No puedo evitar quererle
aunque debiera…
aunque debiera concebir otro universo
que no estuviera tan limitado en sus sonrisas.
Pese a todo no puedo dejar de ser feliz cuando este día
sé que lejos de mi también me añora
y no hay nada en ese “su” mundo perfecto
que tenga el poder sutil de mi memoria.
Sé que debo evitar quererle aunque hoy sepa
que no hay más luz perfecta que su aurora,
que no hay sueño posible sin sus besos
y que el orden correcto es él quién lo otorga.
Le amo pues como se ama a la primavera,
aquel efluvio visceral y sincero
que embriaga de luz trémula la mañana.
Sin embargo en la misma medida que le deseo,
le anhelo tan profundamente enrabietada
que el embrujo de su nombre multiplica mis desvelos
y no sé cómo enfrentarme a la oscura madrugada.