Es amplio y grande, blanco y extenso,
demasiado infinito como para ser aprensible,
tan ilimitado que rebosa la vista.

Pero pese a desangrar el volcán de mi angustia,
desmenuzar el equilibrio de tan eterno soñado,
somete a mi esperanza a sus mejores pruebas
y despierto al alba incluso esperanzado.

Nazco al miedo cada día,
sabiendo que en esta apuesta,
reconfirmo mi esencia más desmesurada
y con el amor por hilo entretejo los silencios
de saber con certeza que todavía no sé nada.

Queda pues ahí el reto, el sueño, la quimera,
aquello que inventamos ensoñando querernos,
aquello que dibuja de posibles la añoranza 
y colma de un golpe mis ansias y desvelos.

Esperaré pues que la traicionera fortuna
me haga soportar el peso de los fuertes
y el muro grande y grueso que ante mí se aproxima
conjugue la locura de saber que no soy sin verte.